Sunday, November 06, 2016

La chica de Lima (14)

Tengo un gato. Al final, lo adopté y él hace las veces de un ser que me espera en casa, al menos para que lo alimente.

La niña del abrigo azul cordurroy no se siente muy cómoda con él. Anoche mientras cenaba a oscuras en la sala, ella apareció sentada en el sillón a mis espaldas.

-Te dije que no debías tener un gato.

Le contesté que lo sabía, pero que igual lo adopté porque necesitaba alguien con quién hablar y que al menos me mirara. Como de costumbre no contestó y siguió jugando con sus pies.

-Lo que sí sabías era que fracasarías. No tenías ninguna posibilidad con ella. Yo lo sabía, pero siempre haces lo incorrecto y peor aún es que nunca me haces caso.

En esta ocasión no le contesté. Me irritó lo suficiente como para tener que controlarme y no contestar.

Cuando terminé de cenar, le ofrecí algo de comer. Ella ya no estaba. El gato salió del cuarto maullando, donde había estado encerrado.

La niña tenía razón. Hice un largo viaje sin ninguna posibilidad de salir airoso. Sabía de antemano que iba a estrellarme. Ella tenía el viento a su favor, un vestido de flores y un pintalabios rosado que adornaba más su sonrisa.

En cambio yo, tenía un traje gris y un pantalón ajado, eso sin contar los agujeros en mi alma. Al final, la niña ganó su apuesta sin siquiera formularla.

Cita para 3

Ella llevaba un vestido de flores, un pintalabios rosado y una linda sonrisa, cuando sonreía que no fue muy frecuente durante toda la tarde.

En cambio yo tenía mi pantalón de corduroy ajado, una guayabera azul llena de pelos de gato y un enyucado en bolsa de papel que compré en el camino, guardado en el bolso.

Con el café, ella se pidió una bandeja de preguntas y una ráfaga de reproches. Yo sólo intenté sobrevivir con mis manos sudorosas y mi cuaderno lleno de posibles temas de conversación.

Así regresé por el mismo túnel por donde había partido, reflexionando en el bus sobre los motivos para mi viaje.

Bajé en la estación, con las ilusiones agujereadas y pagando una multa al chofer por la sobrecarga de los problemas con los que regresé.

Sunday, October 16, 2016

El caso de la chica de Lima (13)

-¿Vendrás esta noche?

Del otro lado de la línea una voz contestaba alguna historia un tanto inverosímil, un tanto rebuscada pero que dejaba la duda siempre, sobre todo porque conozco su vida y no es como ninguna que haya conocido anteriormente.

Colgué el teléfono y decidí comer fuera esa noche, en el bar de costumbre. Unos garbanzos y unas cervezas, lo de siempre. La mesera es amiga entrañable, de muchos años de andanzas por lugares perdidos, de miles de noches en este sitio y complicidades que sólo los que han atendido detrás de una barra pueden entender.

-¿Hoy venís solo?, -dijo con un tono que más que inquisidor lo sentí como una palmada cómplice en el hombro.

Salí tarde del bar. Era más de medianoche y la ciudad se había envuelto en una neblina densa. El invierno había llegado con una lluvia intensa por días completos, pero la neblina no había faltado en algunas noches.

-No sé cómo hacés para seguirla llamando.

Esa voz la conozco. Tengo cerca de un año de no escucharla pero la reconocería en cualquier lugar. Me detengo en la acera, cerca del parque donde la vi por primera vez. Volteo y ahí está, jugando una especie de rayuela sobre los bloques de cemento que bordean la fuente.

-¡Niña!

Se detuvo en medio de su salto. Bajó lentamente a tierra, mirando al suelo hizo silencio durante unos segundos, como si meditara mi palabra.

-¿A quién esperabas?, contestó irritada.

Esta era la segunda ocasión en tantos años que respondía de manera más o menos directa a una pregunta.

Le expliqué que simplemente me sorprendía volverla a ver. Creí que se había marchado y hasta cuestioné si realmente había estado en alguna ocasión o si solamente era un invento mío para lidiar con mis problemas. Hice un largo monólogo atropellado, tratando de no parecer un loco que se aferra a alguien conocido en medio de un extenso sentimiento de soledad.

La niña del abrigo azul corduroy se sentó sobre la fuente, balanceaba su pies mientras hacía flotar dos piedras sobre el agua.

-Vámonos ya, tengo frío.

Como de costumbre, seguí caminando solo por el bulevar. En mi casa alisté el sillón con sábanas y un vaso con agua para cuando quisiera llegar, y me fui a dormir. Esa noche dormí tranquilo y de corrido, profundamente y sin malos sueños.

Por la mañana, escuché al motorizado del periódico y desperté temprano para leer las noticias. El sol a penas empezaba a salir y la casa estaba inundada por una luz azulada. Al abrir la puerta de mi cuarto la vi sentada en el mueble desayunador mirando hacia el techo.

-No, no deberías conseguir un gato ni nada así.- Sentenciaba un tanto autoritariamente

-No lo había pensado y no sé a qué te refieres.

Levantó los hombros y siguió tarareando una melodía que hasta ese momento reconocí que había tarareado toda la madrugada.

Sunday, November 15, 2015

El caso de la chica de Lima (12)

Llamé a Alberto esa noche. "Cabrón, ¿dónde está?". Al otro lado de la línea, me contestaba con voz ronca y un tanto entrecortada, ganando la batalla por sus cuerdas vocales al sueño, logró articular una frase completa y coherente "¿Qué pasó? Son las 3 de la mañana".

Media hora después, estábamos en el bar de la esquina en el centro. Realmente era un café de los que atienden veinticuatro horas y venden cerveza, cerca del parque de las palomas.

La noche se mantenía fresca, con un viento que empezaba a anunciar la llegada de diciembre, mientras que por el día aún las lluvias recordaban que el tardío invierno de este año se negaba a renunciar fácilmente.

-Contame, entonces ¿Qué sucede?

-Si yo supiera, no estaríamos acá.

-¿Me llamaste para jugar a los acertijos conmigo?

-No, no. En realidad no sé ni porqué te llamé. Era el único número que me sabía de memoria.

Tomamos un café. Luego siete cervezas para mí y cinco whiskys para él. En algún momento debimos salir y terminé frente a mi casa viendo amanecer.

Intenté abrir la puerta, pero la llave se me resistía. Desde adentro, giraron el mecanismo de la puerta y empujé para abrirla. La niña de abrigo azul corduroy estaba en el sillón leyendo.

Ya no tengo un balcón, ni una sala grande, entonces ella pasa más tiempo leyendo o meditando.

La saludé como de costumbre y como de costumbre no levantó ni la mirada. Caminé hasta la cocina y me preparé un café, mientras le comentaba la última anécdota de Alberto. a sabiendas que no me pondría atención.

Me serví una taza del café y encendí un cigarro, mientras me sentaba en el otro puesto. Ella seguía leyendo, sin prestar atención a ninguno de mis movimientos.

Me quedé dormido sin acabar el café.

-No puedo confiar en nadie. Creo que ni siquiera puedo querer a nadie.

Me despertó una llamada anónima y aún no sé si soñé o si era real la voz que me decía dos frases por el teléfono.

Me invadió el vacío, desde adentro sentí como si fuera una gran bolsa de agua que explota y de golpe se vacía. Luego el silencio. Miro el reloj en la pared y ya son las siete de la noche.

Me calzo el sombrero para la lluvia y tomo mi paraguas, mientras busco los pocos cigarros que me quedan en el bolsillo para salir de nuevo sin rumbo cierto.

Monday, June 15, 2015

Somnolencia


La mañana era fría y las nubes oscurecían el cielo. La sensación húmeda del invierno había invadido la casa. Yo leía en el sillón de tres plazas de la sala, acostado a lo largo y apoyando la cabeza en el descansabrazos. El cielo se oscureció aún más llevándose la claridad que iluminaba mi lectura, así que bajé el libro y lo dejé sobre mi pecho. Mirando hacia arriba, los párpados se me empezaron a cerrar, y el sueño reclamó con vehemencia que me abandonara a sus deseos.

“Una siesta de media mañana no le puede hacer mal a nadie”, pensé. Sobre todo con este clima tan frío, una siesta debería ayudarme a reponer energías para el medio día. Así que sin pensar más me dejé arrastrar, me abandoné y dejé llevar por esos pasajes laberínticos, fuera de control, que son los sueños.

Dormía en mi sillón, tranquilamente. Podía ver la leve claridad que se filtra a través de los párpados cerrados. Sentía la posición de mi cuerpo sobre el sofá, durmiendo de lado y mi pie derecho sobresaliendo. Podía sentir los cambios del clima, el vacío de la casa, el silencio de la mañana.

Pero algo una sensación empezó a incomodarme, percibía de pronto una presencia, como si la casa no estuviera vacía. Algo había aparecido en ella, algo deambulaba por la casa. No se ocultaba, no se escurría, era como si paseara por la casa, paseaba con cautela buscando algo.

Intenté alejar la sensación, pues pensé debía ser un invento de mi imaginación, tal vez una mala pasada de un sueño que apenas inicia. Cerré con más fuerza los párpados, pero la presencia se hacía más fuerte, más cercana.

Estaba ahí, frente a mí. Jadeante, con la lengua afuera y su boca húmeda de ansiedad. Un enorme perro negro, de pelo corto y brillante, salía del dormitorio y llegaba a la sala, me miraba, jadeaba y se acercaba más.

Yo no podía abrir los ojos, no podía moverme, pero el perro estaba ahí. Lo podía sentir en el ambiente, lo podía escuchar, lo podía ver sin abrir los ojos. Se acercaba, jadeaba más fuerte, olfateaba e iba dejando un rastro de baba que le escurría de su enorme lengua.

Caminó hasta el sofá, miró mi pie derecho sobresaliendo. Me miró desafiante a los ojos, que yo aún tenía cerrados, abrió lentamente su monstruosa mandíbula y con violencia cerró sus afilados dientes sobre el pulgar de mi pie.

Lo mordió una sola vez pero su mandíbula, cerrada como por un mecanismo de metal, se sacudía de lado a lado. Sus afilados dientes desgarraban mi carne, trituraban los huesos de mi dedo. Únicamente mi dedo le interesaba atacar, sólo un mordisco tenía autorizado realizar, pero ese único ataque le bastó.

Yo me retorcía en el interior por el dolor, mas no podía mover mi cuerpo. Cuando la bestia separó su inmundo hocico de mi pie y finalmente mis fuerzas regresaron. Me recogí sobre mi pierna y sostenía el lugar donde antes se encontraba mi dedo y mientras ahuyentaba al animal con la mano. Pero aún así no podía abrir los ojos, no quería mirar de todas maneras.

A la bestia no hacía falta ahuyentarla, el animal con su hocico cerrado se retiraba caminando hacia atrás, mirándome y saboreando la sangre mezclada con baba que le escurría entre los dientes.

El dolor era terriblemente intenso, me retorcía violentamente en el sofá mientras sostenía mi pie. Me retorcía hasta que desperté. Estaba en mi sofá, pero era un día claro, en otro sitio.

Era una casa extraña, y no recordaba cómo había llegado ahí. Inmediatamente recordé la escena del perro, de un salto aparté la sábana y palpé mi pie. Todo estaba intacto, mis dedos completos y sólo la sensación de un mal sueño.

La sala era blanca, y sus paredes brillaban por la luz que se filtra a través de las cortinas de un tergal aún más blanco. Caigo en cuenta que hay un comedor anaranjado frente al sofá y una chica sentada en una de las sillas me pregunta cómo estoy.

“Bien, bien. Estoy bien. Creo que tuve un mal sueño”, le contesto un tanto confundido, con la confianza de los amigos de muchos años. La casa es de ella al parecer, me quedé a dormir aquí, pero no recuerdo por qué.

Miré hacia la ventana y la claridad se hacía más fuerte, hasta el punto de lastimar las pupilas. Cubrí mis ojos con mis brazos para protegerme del golpe de luz y una fuerza arrolladora lo cubrió todo, empujándome al vacío.

Desperté. Estaba en mi casa, acostado sobre el sillón con el libro sobre el pecho y la cabeza en el descansabrazos. Recordé que acababa de soñar con un apartamento blanco, en donde a su vez soñé con un enorme perro negro que devoraba mi pie.



Automáticamente, pero sintiéndome tonto por hacerlo, me recogí para palpar mi pie. La primera sensación fue un charco tibio y viscoso en el sillón, detuve la mano. Me rehusaba a mirar y seguí palpando hasta donde antes estaba mi pie. Pero el dolor que causa el tocar un nervio en el hueso desnudo me hizo desmayar de inmediato.

Thursday, January 29, 2015

Crónicas de... (2)

‪162. Crónica de‬ martes: "Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi Mateo ha revivido; se había perdido, y es hallado. Este es mi perro amado en quien tengo complacencia"- dijo esto mientras Mateo se lanzaba a derribarlo y lamía su cara.

161. ‪Crónica de‬ miércoles:
-Lo que pasa es que llevás una vida disipada.
-No, siempre tapo la botella después de servirme.

160. ‪Crónica de‬ domingo sin Internet: Escucharon las señales en el cielo nocturno. Tres disparos, luces en el cerro.
Estaba escrito: Permaneced en vigila ante la venida del señor. Y así sucedió, llegaron en la noche el señor Jesús Pérez, su hijo y su 22 de tiro largo...

159. Crónica de‬ jueves: Audry Hepburn sigue ganando apuestas desde 1961.

‪158. Crónica de‬ jueves: "La noche que levantaron todas las prohibiciones, el caos se agitó al ritmo de la cumbia"

157. ‪Crónica de‬ un lunes increíblemente sobreviviente: para hablar y comer flores, hay que tener un hacha

156. ‪Crónica de‬ lunes: "Tras laberínticas paredes, escuché como Ariadna cortaba en 8 partes el hilo"

155. Crónica de‬ viernes ¿negro?: este año los yesos están al dos por uno

La justicia


La noche que Griselda y yo nos separamos, ella exigió la patria potestad de nuestro único ser vivo en común: un pequeño perro cuya suerte mejoró desde que lo rescatamos de la calle. La exigió con mucha propiedad, pues tenía la certeza que los culpables cedemos ante el peso de las faltas cometidas.

Seis meses después, tocaría mi puerta con el pequeño perro en mano y se iría para siempre de nuestras vidas. O eso creíamos hasta hace unos días, cuando luego de un par de años decidió reaparecer pero esta vez como un ente extraño y formal, que me escribe correos electrónicos para saber sobre nuestro divorcio.

Así que para el bien de todos y luego de mucha reflexión, decidí apersonarme al juzgado de familia, para exigir la conclusión de un largo proceso de recuperar mi soltería legal.

La tierra lejana y prohibida de los juzgados de familia, son quizá uno de los lugares del mundo donde más temor me da entrar. Llegué una tarde de enero a las puertas del enorme edificio donde reside en teoría la justicia. Las puertas de vidrio reflejaban un inusual clima frío en enero y la llovizna me empapaba los lentes.

Subí las escalinatas de la entrada del edificio y un oficial me miraba de reojo, con una gran escopeta en las manos. ¿Hacia dónde se dirige? Preguntó a secas. Repetí mecánicamente y sin un acento determinado lo que la abogada me dijo que repitiera “Soy parte en un proceso de divorcio, pero ya son más de seis meses y necesito saber porqué no se ha resuelto”.

No puso tanta atención a mis palabras como a examinarme de pies a cabeza, pero detuvo su mirada en el libro que llevaba en mis manos. “¿Usted lee eso? No me extraña que se hayan querido divorciar de usted. Pase y pregunte en la ventanilla de información”, y abriendo la puerta me metió casi a empujones dentro del edificio. Sentí como si la justicia me hubiera engullido.

Un poco desconcertado por las palabras del oficial, caminé hasta la ventanilla con un vistoso rótulo que decía INFORMACION. Detrás del escritorio, una joven atendía el teléfono y anotaba algo en un papel. Saludé amablemente pero sólo conseguí que me mirara de reojo, levantara la mano y me hiciera un gesto para que esperara. Pasaron quince minutos hasta que terminó la llamada y me miró directamente, pero con un gesto en la cara de pesadez. Le repetí la frase que aprendí sobre mi trámite, mientras ella también me analizaba de arriba abajo. “¿Cuál trámite?” dijo luego de una pausa, así que le repetí mi frase y sin dejarme terminar dijo “Segundo piso, mano izquierda… ¿Ese libro es suyo? No me extraña que esté en un proceso de divorcio” y sin prestarme más atención volvió a tomar el teléfono.

Para llegar al segundo piso, primero hay que pasar por un escáner de metales y dejar que el bolso sea inspeccionado con rayos X, cuestiones de la seguridad pues no vaya  a ser que algún sujeto con armas o explosivos quiera atentar contra la justicia. Así que me presenté ante el oficial encargado de las requisas, un tipo grande mal encarado y de bigote vacilón. “¿A dónde se dirige?” Nuevamente repetí mi frase y me interrumpió para pedir qué oficina me había indicado la recepcionista. Aclarado mi destino dentro de las entrañas del edificio de justicia, me pidió dejar todo objeto metálico y entregarle mi bolso para su respectiva inspección.

“¿Puede enseñarme lo que trae dentro del bolso?”, indicó. Sin ningún temor lo abrí y dejé que inspeccionara cada compartimento. “¿Ese libro es suyo? No me extraña que esté en proceso de divorcio. Puede seguir" y me despachó sin darme mucha importancia.

Subí las escaleras hasta el segundo piso, y al final del pasillo izquierdo pude leer el rótulo del juzgado de familia. Tomé la ficha 98 y por casualidad había un asiento vacío, pues atendían en ese momento la ficha 83.

Para pasar el tiempo, leí un poco más de mi cuestionado libro. El personaje estaba rodeado por seres alados con cabezas de caballo, pieles escamosas y resbaladizas; en medio de una inmensidad helada, cuando un grito me sacó de mi lectura. “¡Muchacho! ¿Va a pasar o no?” y la gente molesta a mi alrededor, me miraban impacientes. Me disculpé y me levanté rápidamente.

“¿Cuál sería su trámite?” y contesté la misma retahíla sobre mi parte en el proceso de divorcio. La funcionaria que me atendía digitaba mis datos en la computadora sin prestar mucha atención a mis palabras, miraba mi cédula y la pantalla alternamente. “¿Un divorcio?” preguntó. Le contesté que sí, que tenía ya varios meses de estarse tramitando. “Con ese libro que anda en la mano, no me extraña que se haya divorciado. Vea, el expediente fue enviado al juzgado sur de la capital. Así que le corresponde ir a preguntar allá”.

Cuando quise preguntarle más, ya tenía a la señora de la ficha siguiente encima, sacándome de la silla y exigiéndole a la funcionaria que le resolviera de inmediato no sé cuál trámite.

Salí del juzgado y bajé las escaleras un poco confundido aún. Desde el inicio sabía que esto era una mala idea, y cuando digo “esto” me refiero a todo lo del matrimonio. Llegué a la acera y busqué la parada del autobús con la mirada. Frente a mí estaba un indigente al que era imposible olvidar: lo conocí hace casi diez años, justo en el momento cuando inicié mi relación con Griselda. Él nos amenazaba para exigirnos comida y en una ocasión estuve a punto de vengarme pero ella me detuvo.

El sujeto también me reconoció, se acercó y burlonamente me saludó. Preguntó, como era de suponerse por ella, y le conté más por inercia que por ganas de confesarme el motivo de mi visita a la justicia. Siempre con su pesadez burlona dijo “No me extraña que se esté divorciando, con solo verlo lo imaginé” y así nada más se fue gritándole a los policías y pateando carros por la acera.

Esperé el autobús. Soplaba un viento muy fuerte y frío. La llovizna no había cesado y en el cielo, frente al edificio de la justicia, un arcoíris desafiaba la tarde. 

Sunday, November 23, 2014

154 Crónicas de dos años...

A ver... Primero que todo, se debe aclarar que hace casi dos años empecé con ese proyecto extraño, sin objetivos claros, que hoy se llaman #crónicasde.

Al inicio, ni se planteó como un proyecto, sino sólo fueron naciendo las crónicas. Son resúmenes sin mucho sentido sobre el día, sobre las reflexiones propias. Pero el juego se fue extendiendo y al día de hoy, pareciera que los amigos piensan que las crónicas son un elemento que me caracterizan.

Así que me di a la pequeña tarea de recopilar todas las crónicas escritas desde el 2013 a hoy, en el muro de Facebook.

Y bueno, este es el resultado. A continuación, 154 crónicas del 2013 a lo que llevamos del 2014

2014

1. Crónica de domingo: 154 crónicas después, me percato que la sistematización no es una enfermedad crónica de la que padezca.

2. Crónica de martes palmolive: "¿Cómo será un dodecaedro amoroso?"

3. Crónica de sábado: "Nada personal -decía con cadencia mientras se levantaba de la silla, antes de gritarle-, pero me parecés un revisionista de mierda... ¿Querés un poco más de té?"

4. Crónica de viernes lluvioso: "Singing in the rain..."

5. Crónica de jueves (un poco iracundo):

Se debe admitir, que aun siendo ateo, uno disfruta pronunciar ciertas palabras que conjuran el mal creadas por algunas religiones.

Es así, como algunas personas únicamente nos trae a la mente cosas como: "Ante nuestros sagrados libros, con los seiscientos trece mandamientos que están escritos entre ellos, lo excomulgamos con la excomunión con que Josué anatematizó a Jericó; con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos, y con todas las maldiciones que están escritas en la ley; ¿maldito sea de día y maldito sea de noche´´¡ ¡maldito sea al acostarse y maldito sea al levantarse¡; maldito sea al salir de su casa y maldito sea al regreso¡ que dios jamás le perdone; que la cólera y la ira de Dios se enciendan contra ese hombre, y que le envíen todas las maldiciones inscritas en el libro de la ley. Y Dios suprima su nombre en la tierra, y para su derrota Dios lo expulse de todas las tribus de Israel, con todas las maldiciones del Cielo, como están señaladas en el libro de la Ley. Pero vosotros que permanecéis en Dios, vuestro señor, vivid eternamente. Conjuramos que nadie tenga con él trato ni hablado ni escrito; ni nadie le haga favor alguno; que nadie esté con él bajo un mismo techo o entre las mismas cuatro paredes; que nadie lea ningún papel hecho o escrito por él"

6. Crónica de jueves: "-No, no diría que soy amante de la fotografía- contestó mirando pensativa la taza de té-. Más bien diría que solo tengo un affaire."

7. Crónica de Lunes: "La acumulación primitiva del capital, es nociva para el amor"

8. Crónica de sábado: "Debemos reconocer que el encanto de la pequeño burguesía, a diferencia de otros encantos, no es nada discreto"

9. Crónica de martes: "uno no puede confiar en las personas abstemias, porque uno no sabe luego qué carajos se están metiendo en las venas para soportar la realidad"  (Conversación con Jessica)

10. Crónica de sábado: A los gatos flacos se le pegan las patas.

11. Crónica de miércoles en remolino: Ha sido una semana intensa. La daga se acerca y me deja con la espalda en la pared. Una semana tensa y complicada a la vez. Más de tres noches he soñado y cada vez que despierto termino caminando al revés. La otra noche me faltó el aire, y no sabía quién era cuando desperté. Repetía mecánicamente una frase y no un poema, un hilillo de palabras que nunca logré entender: "Dicen que se te ve malito. Que muy mal se te ve. Dicen que estás malito y que estás tan mal, que quieren contar contigo y solo te cuentan la mitad".

12. Crónica de viernes: Mientras el fuego devora el tercer piso, la chica de la recepción indica que no conoce el número de extensión del incendio.

13. Crónica de domingo: mientras en los barrios se organizan los duelos a palos, la chica del abrigo azul organiza la sonata del panteón.

14. Crónica de sábado hipotético: en el bus de las once solo viajan los cansados, los desvelados y las ideas locas.

15. Crónica de viernes: Dicen que absurdo, cangrejo y pescado feroz son las palabras perfectas para una ensalada frugal. Dicen no más.

16. Crónica de viernes: Cerca estuve de casarme. Sólo que ella no estaba ahí cuando se lo iba a pedir.

17. Crónica de un domingo robado 2:
"-Cuando sea grande, quiero ser como Bob.
-¿Marley? One loooove, One loooove...
-No, Bob Dylan. No me gusta el roots, reggue o lo que sea.
Desde entonces no volvimos a vernos."

18. Crónica de domingo por la capital: Debo recordar NO salir con los audífonos puestos; la gente mira raro al tipo que toca un piano invisible y grita en la parada del bus "Al lado del camiiinooooo..."

19. Crónica de miércoles 10 treinta "pe punto eme": Juro por el dios del internet, que en ciertos momentos, a ciertas horas, uno solo puede autoexplicarse diciendo "Si no creyera..."

20. Crónica de miércoles: La cocina molecular es técnica ancestral en las soditas de San José.

21. Crónica de lunes 2: "Claro, el morcilla... Mir devotos... Mierda... *Miércoles." (Maldito autocorrector del teléfono)

22. Crónica de un lunes serio: Y es al chile, eso de la huelga del 84 en serio está como "vetado" por la historia.

23. Crónica de domingo amarillento:
"-¿Y si nos ponemos muy locos e inventamos un cuento con pejibayes y gatitos para colorear?
-Mejor dormíte que me duele la cabeza."

24. Crónica de Ale Paniagua (ojo, no es mía): Sólo la hembra sola de la barra sabe cuanto pesa un oso polar que viaja a Marte.

25. Crónica de un viernes sonsacado: "Only God forgives; we’re Borgias - we never forgive"

26. Crónica de un mundo imposible: No sé cómo decirles esto, pero el deber llama... Según fuentes extra oficiales, Drexler cancela concierto en Costa Rica por derrota de Uruguay en el mundial.

27. Crónica de miércoles: "La cuestión de la conciencia es una exigencia social" | EL | Franz Kafka

28. Crónica de sábado canino: El caso del perro que soñaba con ser un almohadón.

29. Crónica de viernes: Dicen que en medio del metal se confabulan el judío errante, La musa callejera y la servidumbre humana.

30. Crónica de la vida silvestre: seis horas consecutivas de despulgar a Mateo, me hacen querer escribir el libro "La vida secreta y las pulgas"

31. Crónica de viernes: Mateo exige un estado laico con números en la frente.

32. Crónica de domingo:
"Se miraban los cuerpos, aún jadeantes, en la cama.
-¿Huitzilopochtli es el dios de los aztecas, cierto?
-Sí -suspiró-, el mago colibrí.
Al final, cerraron el pacto con un beso.

33. Crónica de lunes 2: Le rasqué el lomo tres montañas. Le besé los pies a otra y le hice cosquillas a la quinta. Por poco le majo la cola a una feliz serpiente que cruzó mi camino. Nos disculpamos mutuamente y cada quien siguió su camino. Todo esto pasó un día cualquiera, en un lugar cualquiera de Changuena.

34. Crónica de lunes último: dicen que en Upala inventan una palabra nueva cada día. Que la leche se cosecha de un árbol de vacas, y que las dormilonas son una especie de animalito que vive dentro de las lagartijas. Dicen además, que las ardillas mascan chicle todo el día. Yo no lo he visto, pero eso es lo que dicen...

35. Crónica de un domingo romero: Algo debe estar mal. Cuando se camina durante tres días y no se llega a Cartago, algo debe estar mal.

36. Crónica de un viernes sureño: ¿Los caballitos de las ferias han cambiado o es mi impresión?

37. Crónica de miércoles: Escuchar Beatles con audífonos mientras se comparte el cuarto con cinco personas, es un poco incómodo. Cuando la canción acaba, cinco pares de ojos nos miran un poco extraño...

38. Crónica de lunes: los remolinos sobre el río Magdalena pueden generar náuseas y otros demonios.

39. Crónica de domingo (rayos, ya es lunes): después de una buena película, el mundo hasta parece un buen lugar para tomarse un whisky. (Al menos antes de despertar)

40. Crónica de miércoles: "Prestigiosas investigaciones señalan con certeza dos cosas infinitas: el universo y las versiones de Bella Ciao"

41. Crónica de domingo: ¿y si mejor nos mojamos los pies son preguntar porqué?

42. Crónica de sábado: el indiscreto y tierno glamour de la codicia.

43. Crónica de martes atrasado: el exceso de menta puede causar portales ínterdimensionales.

44. Crónica de sábado no mundialista: "Jesús de Nazareth siempre está dispuesto a regalar bolsas de mamón chino a los viajeros de las tierras de satanás".

45. Crónica de viernes: "Chambeando de chafirete, me sobra chupe y pachanga"... Cafeta

46. Crónica de domingo: Estudios recientes demuestran que los anteojos de Asembis son altamente resistentes a golpes y caídas.

47. Crónica de sábado de vuelta en chepe: la palabra no crea objetos ni los destruye, solo los transforma.

48. Crónica de miércoles: Llega a la puerta de su habitación, a punto está de girar la llave y desde la sala contigua se escucha una voz: -¿Cómo les fue? En un segundo les pongo a hacer café.

49. Saluda, conversa un rato y entra a su habitación mientras recita un mantra "hotel dulce hotel"...

50. Crónica de domingo: "El octavo día el señor diablo, mientras creaba las purrujas (su más efectivo invento para ponerle sabor al campo), perdió su chaqueta. Hoy la encontré; tanto su chaqueta como sus efectivos bichitos"

51. Crónica de un lugar remoto: "Sargent Peppers me preguntó por la extraña sonrisa nocturna"

52. Crónica de martes sureño: "¿A las cuántas vueltas al parque come el censista? A la última. Badabadatums..."

53. Crónica de domingo milagroso: "El amuleto colgaba por undécimo año consecutivo en su pecho. Un par de pájaros muy coloridos cruzan por la ventana, mientras suspira esperanzado: Adiós mundo, hola misterioso sur..."

54. Crónica imposible: Según fuentes no oficiales, Drexler valora suspender concierto en Costa Rica si Uruguay no pasa la ronda. En breve más detalles.

55. Crónica imposible: Redes sociales elogian sombrero de Fredín Funez en manifestación, mientras critican vestimenta de cantante Pitbull en la inauguración. Los detalles, en breve

56. Crónica de domingo: "A veces, y sólo a veces, para el cambio de Katún solo hacen falta 8 años y 8 firmas"

57. Crónica de jueves: "Como Hemingway, Paris era una fiesta"

58. Crónica de sábado: "El cadaver exquisito quedó un poco crudo"

59. Crónica de vienes: Enfundada en su abrigo azul, me gritaba desde lo alto: "Carpe diem quam minimum credula postero"...

60. Crónica de miércoles de cuento: "Los parques son los mejores lugares para encontrar el olvido", me dijo y sonrió...

61. Crónica de lunes de glucosa: "Cuando ella preguntó por cuál canción podría encarnar, no imaginó que renegaría de Ismael Serrano por primera vez en su vida"...

62. Crónica de domingo: Compulsemos a las europas.

63. Crónica de sábado:

"-Y usted, ¿En qué se especializa? -preguntó.
-En fantasear -contesté"

64. Confesiones de un día caluroso: "Soy un hippie. Siempre fue así"

65. Crónica de lunes: "Entonces el caracol entendió que la luna no es la misma bajo el agua"...

66. Crónica de un sueño dominical: "Mientras ella se acomodaba el vestido de flores amarillas y sus botas altas, él le preguntaba cómo se debe escribir su nombre"

67. Crónica de un sueño dominical: "Mientras ella se acomodaba el vestido de flores amarillas y sus botas altas, él le preguntaba cómo se debe escribir su nombre"

68. Crónica de sábado: Me permito citar "Nunca estás acabado si tienes una buena historia que contar y alguien a quien contársela" [La leyenda del pianista en el océano]

69. Crónica de sábado: "Dicen que dicen que la vieron aún tres noches después, sola silbando por la calle de las estatuas"...

70. Crónica de un viernes asesino:
"-En la próxima vida procuraré mantenerme alejada de vos...
-Bueno, total no será tan diferente de esta entonces"
Confesiones de verano: en mi juventud creía que las macros eran to'a, en mi adultez conocí el Visual Basic, hoy solo creo en mi imaginación.

71. Crónica de jueves:
"-...y cuando mi compa decía lo de borderliner, creo que sí, que tenía razón.
-Disculpe señor, me indica mi supervisor que si no ordena ya, seguridad lo escoltará fuera del restaurante.
-No, no. Deme... Unas papas... Agrandadas... Para llevar... ¿Tiene Mirinda?"

72. Crónica de miercoles: "chaos reigns..."

73. Crónica de sábado (v2): "Según los más recientes estudios iconográficos, el ángel de la libertad tiene micropene"

74. Crónica de sábado: "la mejor tradición de semana santa es hacer un banner y un evento en fb... Un momento, algo no está bien"

75. Crónica de lunes (santo): "Por cualquier lado salta el gato que nos vendieron en lugar de liebre, por cualquier lado..."

76. Crónica de viernes: "San José de noche enseña cosas... como que la iglesia siempre está a la derecha, por ejemplo"

77. Crónica de un martes endulcorado: "El amor flota en la sopa / es la señal, los tiranos vienen hacia acá"

78. Crónica de martes: "Es definitivo #soyunamorsh"

79. Crónica de miércoles: "Ni el Visual Basic puede contra mí"

80. Crónica de jueves: "Mientras los huecos salvan gente en Madrid y Alemania, el tipo de naranja corre con lo ajeno"

81. Crónica de jueves: la conclusión de la noche se resume fácilmente en #estoseperdió

82. Crónica de ¿lunes al sol?:

"-Recuerda, más sabe el zorro por viejo que por flaco.
-Sí, pero a todo los zorros flacos se le pegan las pulgas."

83. Crónica de jueves: lo posmo... Da cáncer.

84. Crónica de martes: Somos el ejército industrial de reserva. No olvidamos, no perdonamos.

85. Crónica de lunes: "Si lo pensás, querida, es un extraño y da hasta un poco de miedo... ¿Qué motiva a un ruso, un chino, un par de españoles, algunos argentinos, otros mejicanos y muchos gringos a hablarnos en la misma semana?

86. Crónica de jueves: "Está bien -le dijo antes de despedirse-, yo dejo los cuentos de detectives si vos dejás las historias que terminan en felices para siempre"

87. Crónica de algún día: "En la playa he encontrado un caracol de oro macizo y recamado de las perlas más finas"...

88. Crónica de domingo: discutir contra Lenin es complicado. Sobre todo cuando Lenin se llama el tipo fuera del bar que quiere partirte la madre mientras 5 metaleros rabiosos rondan a tu al rededor. Discutir con Lenin, pues, es un poco peligroso.

89. Crónica de jueves: Hay noticias que hacen bien, como cuando los cuasivegetarianos comen olla de carne

90. Crónica de martes: Ola ke ase, paga pensión alimenticia o ke ase?

91. Crónica de viernes en la madrugada: "soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino. Tengo alma de marinero..."

92. Crónica de jueves: ¡Cerremos este chinamo y pongámonos un grupo de cumbia!

93. Crónica de miércoles 2: "salgo con cierta precaución. Cierro sigilosamente. Una tensa calma reina en la calle. Descubro bolsas con mangos, rastros de sangre, vidrios y un puño de repollo rallado con salsas en la acera. Llego a la esquina y antes de doblarla miro hacia atrás. La calle parece vacía, pero siento que alguien me observa. "Quizás desde un segundo piso", pienso. En efecto, una mano cierra rápidamente una ventana. Estoy a punto de regresar cuando un silbido atraviesa lo que era un pesado silencio nocturno..."

94. Crónica de miércoles: vidrios que se quiebran. Gritos. Llamados a la policía. Solo escucho que alguien quiere apedrear la casa. Enfrentamientos, patadas y más golpes, gente corre por la acera. El mundo se vuelve loco en cuestión de segundos y no entiendo qué sucede. Cambio y fuera.

95. Crónica de martes: "Populus me sibilat, at mihi plaudo. Ipse domi simul ac nummos contemplar in arca".

96. Crónica de martes por la madrugada: "Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit"

97. Crónica de lunes: "A los habitantes de todos los pueblos de todas las regiones del mundo, les informamos que nos declaramos independientes porque la libertad no cabe dentro de estas cuatro paredes"

98. Crónica de viernes: Yo confieso, ante el feisbuk omnisciente y ante ustedes hermanos, que me he enamorado de Marta Gómez.

99. Crónica de miércoles: al carajo los últimos 10 años de FB, ¡hoy se come garbanzos!

100. Crónica de martes: Un saludo al camarada desconocido que votó por el PT en Oslo, Noruega.

101. Crónica de elecciones: un exorcismo electoral acaba con la vida de una silla plástica. En breve, la historia.

102. Crónica de viernes: Y dicen los versados en estos asuntos: "vos estás bajo sospecha, hasta demostrar lo contrario"

103. Crónica de Martes en la madrugada: Un verdadero bestiario contiene manzanas rojas, verdes y algunas otras que rueden por la avenida central.

104. Crónica de jueves: el tipo de blanco dice que no quiere que lo opere un veterinario... Eh... ¿Qué pena, entonces quién?


2013

105. Crónica de viernes (colaboración de Keylin): Tengo un humor medio disléxico: Cuando quiere decir ALEGRÍA escribe ALERGIA y se pone a estornudar...

106. Crónica cualquiera: "-Disculpe señorita- preguntó-, ¿nos conocemos? Es que el alzhaimer me ha hecho un poco de daño."

107.  Crónica de sábado por la noche: vanidad de vanidades, todo es el otro engranaje que gira inexorable.

108. Crónica de sábado: un rótulo en SJ "Si parquea acompañado, hágalo con cuidado. Si parquea solo, hágalo solo, con solón"

109. Crónica de sábado: Hierba mala nunca muere, pero a veces uno duda de su inmortalidad.

110. Crónica de viernes: Sin celular, la vida es más sabrosa... Zaaaaa!

111. Crónica de domingo: hay sueños tan terribles, que uno hasta llega a pensar que se está despierto.

112. Crónica de lunes: parece que las crónicas son como la gripe, se pega.

113. Crónica de jueves:

-Y entonces, ¿Dónde está?
-di, aquí. Tomándome un cafecito en el Marriot...

114. Crónica de miércoles: ¿Tirarle un zapato al tipo del traje blanco es delito o contravención?

115. Crónica de martes: Según las imágenes oficiales, en la competencia de los 50 metros troskos la medalla de oro es de Leo Nel, y la última en cruzar la meta es Gabriela Serrano.

116. Crónica de lunes: qué carajos! Un tipo en el boulevar pide plata para viajar al mundial de brasil en bici desde Tijuana. Sia perro!

117. Crónica de sábado- "Sabiduría del popular en el boulevar": No soy alcólico, soy borracho (los alcohólicos van a reuniones). -Lo vi en una camiseta-

118. Crónica de Café:
"-Mirá, entre todos los juegos que jugamos, me gustaría variar solo por hoy. Si te parece.
-¿A qué te referís?
-A que juguemos a mirarnos de frente, sin mantener la compostura.
-Prefiero seguir jugando a el gato y a el ratón".
Alfredo Solano

119. Crónica diaria: "No estaba de buen humor, andaba de parranda"

120. Crónica imposible: "Ventanear la casa por la tira"

121. Crónica de una día cualquiera:
"-Hola, creo que tengo problemas de memoria.
-Disculpa, no te puse atención, ¿Me decías?
-No sé, creo que era que tengo hambre."

122. Crónica imposible:

"-¡Ante la lluvia de octubre: todo el poder a los soviets!"
-Mmm... creo que algo no está bien en la consigna"...

123. Crónica con la mano izquierda:
"-¿Cómo va el partido?
-Bien, acabamos de sacar un comunicado.
-¿Sobre el triunfo ante México?
-No, sobre el bipartidismo.
(Al final, creo que no hablábamos de lo mismo)"

124. Crónicas infantiles: "Si nunca soñaste con encontrar un Odradek ...no tuviste infancia".

125. Crónica para Volver:
Cerró la puerta, pero solo para que ella llamara de nuevo y despedirse.
|Alfredo Solano|

126. Crónica extranjera: Entonces, llega un momento en mitad de la noche, en que despiertas con taquicardia, el sudor te baña la frente y un terrible zumbido te quiere reventar los oídos. Es ese momento, cuando sólo puedes pensar en una cosa... "Quiero mi computadora, por favor".

127. Crónica de caracol 2: Caracol, caracolito. Qué pasaría si te trituro y te hago en cafecito...

128. Crónica caracol: Caracol, carcolito, por qué me sabes tan rico...

129. Crónica errante: Y un día de tantos, resulta que las horas cuentan como semanas vividas de repente. Hasta es posible, pues, que Heredia extienda sus brazos para recibirnos... Luego uno levanta los hombros, dice "di, qué más da" y se tira de jupa.

130. Crónicas de sabios: "Hermanos -dijo Demiéstocles, el aprendiz del sabio, mientras mordía su barra de chocolate blanco-, el sabio tomó vacaciones".
-Tres cuentos cortos sobre Demiestocles y el sabio- Alfredo Solano.

131. Crónica de lunes: Nada como ser masticado y eventualmente escupido por una vaca...

132. Crónica a la santidad:

¡Salve llave nuestra!
Bienaventurada tu reaparición,
los cielos se abren y desciende
una luz, una calidez de verano
en medio de la tempestad.
Bienaventurada llave negra,
y por sobre todas las cosas terrenales,
bendito sea tu contenido recuperado.
Por los siglos de los bits,
amén.

133. Crónica de martes: Esto es un mal crónico...

134. Crónica de Lunes: Problemas en el paraíso...

135. Crónica de sábado: Los bestiarios y las nueces, son de la misma familia.

136. Crónica cualquiera: "Un vaso del vino de las heridas"... Alfredo Solano

137. Crónica de lunes: Contrario a lo que dice la televisión, los piratas no siempre acaban mal... en cambio los sapos sí, siempre salen estripa'os.

138. Crónica de viernes: el zodiaco y sus implicaciones en la lucha de clases

139. Crónica de viernes 2: dos marineros y un miscelaneo. Esto está raro...

140. Crónica de domingo: lo confieso... El 50% de mi vida gira en las solanaceas

141. Cronica de clichés:

XXIX
(...)
Una crítica marxista el libro,
sobre Feuerbach discutía.
Nos miramos lentamente
y le dije pensativo:
¿Comprendes ya que no se trata de entenderlo,
sino de transformar el mundo cada día?
"Y ella respondió encendida:
-¡Ya lo comprendo!"

142. Crónica de viernes: si Bécquer hubiera militado la historia sería diferente...

"¿Qué es izquierdismo?
Preguntas por la enfermedad infantil del comunismo.
¿Qué es izquierdismo, y tú me lo preguntas?
Pues izquierdismo, eres tú"

143. Crónica de lunes: Los bestiarios, como las nubes, son adictivos.

144. Crónica del domingo: qué carajos con eso de un abrazo gratis en el boulevar? A mí que no se me acerquen.

145. Crónica de un sábado particular: Cuando los días se vuelven de 40 horas, y al abrir la ventana surge de la nada una cabeza de perro... Solo resta decir "esto se pone interesante"

146. Crónica de Perogrulladas: Las probabilidades de un apagón de la corriente eléctrica es directamente proporcional al número de minutos transcurridos sin guardar el documento.

147. Crónica divina: Si dios existiera, se llamaría Ibuprofeno. Salve madre de nuestros alivios.

148. Crónica de Mateo: Sí, sí, muy bonito esto de tener perro, pero ¿cómo se le enseña a que haga el café?

149. Crónica de misantropía: Hoy que el cielo parece exhalar un suspiro de alivio, hoy que la noche tiene ese olor a hierba fresca... hoy que respiro un poco mejor y fluye la alegría de sentirme vivo... hoy puedo decir, más que decir, puedo afirmar: que he sobrevivido.

150. Crónica cualquiera: "lo que no avanza retocede": excepto esta gripe, una semana y ni pa' lante, ni pa' trás.

151. Crónica instintiva: "La última vez que lo llamaron dinosaurio se comió de golpe cuatro personas. Así que prefirió dejar al instinto asesino para el día siguiente, y de paso, se durmió bajo un girasol que encontró en el camino." -Delirium Tremens en una pecera

152. Crónica de un día cualquiera:

"-Disculpe, ¿La batalla del fin del mundo?
-Cruzando el parque, detrás de la escuela.
-Muy amable, joven -sonrió en un mal disimulado esfuerzo para no arrojar tres demonios por la boca". | Finales tentativos | Alfredo Solano

153. Crónica de lectura básica para chicos:
"En cambio yo,
en noches como esta,
paso en claro hasta el amanecer
repasando la fotografía
que olvidaste en el baúl rojo"...
Alfredo Solano. "La lechuza y el dragón"

154. Crónica Cuarto día:
Aún no estoy seguro si lo lograré. Ya son cuatro días, y no termina. El virus ya se ha apoderado de todo. Ayer sentí una leve mejora, celebré por lo grande y tuve nuevas esperanzas. Pensé que lo peor ya había pasado. Hoy no estoy tan seguro, parece que el virus toma fuerzas nuevamente.
Ya no sé qué pensar. Las proviciones ha escaseado y tuve que salir de excursión por más pastillas y café. El mundo afuera es una locura, hace frío. Espero salir vivo de esta situación, pero ya no estoy seguro de nada. Fin de la crónica."

Friday, September 19, 2014

El caso de la chica de Lima (11)


Había llamado a Alberto. Desde hace semanas que no conversábamos, hace días que incluso no salgo ni a la esquina.

Quedamos en el bar de siempre, a las ocho. Luego de la tercera cerveza, y de escuchar cómo había terminado con su novia y cuánto la amaba aún, nos pedimos un trago. Porque Alberto también se enamora y sufre como todos los mortales, o bueno, eso me confesaba esa noche.

-No Carlos, es que ustedes lo ven todo desde una perspectiva muy complicada. Yo ya no estoy para eso. Pero bueno, así está el rollo. Y contáme, ¿Qué pasó con el caso ese de la muchachita?

-¿La pianista? No volví a hablar con ella.

-No me esquive el caso, que vos sabés de quién estoy hablando.

-Nada. No hay nada nuevo. Llevo semanas pensando en la última pista y no sé qué estoy haciendo mal. Aquí hay algo que no he visto, pero no consigo saber qué.

Desde mi salida nocturna al parque de las palomas, he vuelto a fumar a ritmo de loco. Por las mañanas no soporto el dolor en los pulmones, pero a la hora se me quita y vuelvo a fumar. En una de las salidas afuera del bar a fumar, le conté a Alberto que me casaría "Debés estar loco", fue lo único que contestó.

Ya me encontraba en mi casa, hacía deberes aburridos y largamente postergados. Revisaba los papeles del seguro, ordenaba los recibos, botaba facturas de dos años atrás; y recibí la llamada de Adriana.

"Me voy mañana del país", me dijo. Salí a buscarla, a despedirnos. Preocupada me interrogó sobre la conversación con Alberto, esa de mi eventual matrimonio. Finalmente comprendió el juego: pedirle matrimonio a una mesera que no conozco; recrear una escena del "Marido de la Peluquera".

Luego de ver a Adriana, camino de nuevo por el centro de la capital. La lluvia sigue cayendo y el bulevar está vacío. Me siento en una banca, bajo la lluvia y respiro la noche en el plaza de las palomas. Miro hacia el suelo, miro mis pies mojados. Luego de un rato pasa la lluvia, así que meto la mano en mi bolsillo para sacar otro cigarrillo.

-¿Qué diferencia a Alberto, a Adriana y a todo el mundo de mí?- murmuro.

"Que ellos solo sueñan cuando están durmiendo", susurra a mi oído. No me sorprende su voz, pues la reconozco. Lo que me sorprende es que conteste una pregunta que yo haya hecho, así sea la haya formulado para nadie.

Levanto la mirada a la vez que me llevo el cigarrillo en la boca y ella parece jugar rayuela con los charcos de la plaza. Tararea una canción que no reconozco, pero me lleno de una extraña alegría al verla.

"¿Dónde habrá estado este tiempo?", pregunto para mis adentros y no me atrevo a cuestionarle. La niña del abrigo azul corduroy ha regresado y eso se ha vuelto algo importante para mí.